Perú

La historia minera del Perú se remonta a la época pre-Inca. En los primeros siglos de la colonización, se extrajeron grandes cantidades de oro, plata y mercurio de las minas y en los primeros años del siglo XVII, gran parte de las minas de plata ya estaba casi agotadas.

A pesar de la larga historia minera del Perú, el verdadero auge de la industria se produjo en los años 90. Sin embargo, la razón de este apogeo de la minería no fue el descubrimiento de nuevos depósitos, sino por la subida de los precios de los materiales, así como el desarrollo de nuevas tecnologías, que permitirían la explotación de zonas previamente inaccesibles o no ventajosas económicamente. A esto habría que sumarle las reformas institucionales, tanto en el sector minero como en el económico en general, que harían de la minería peruana un sector atractivo para los inversores internacionales.

El sector de la extracción empezó a jugar un papel decisimo en el crecimiento económico, hasta entonces motivado por inversiones extranjeras y una economía orientada hacia la exportación. Asimismo, los gobiernos posteriores han continuado con la tendencia a concentrar sus esfuerzos en la promoción del Perú como país minero para facilitar la entrada de capital en la economía nacional.

Hoy día Perú es aún una superpotecia minera. La minería supone el 60 por ciento de las exportaciones del país y es la mayor fuente de ingreso de capital extranjero. Perú es el segundo país productor de plata, el sexto productor de oro en el mundo y segundo en número de reserbas de cobre superado sólo por Chile. Las principales cinco multinacionales mineras del mundo (Glencore, BHP Billiton, Rio Tinto, Vale y Anglo American) operan en Perú.

Pese a las grandes inversiones que este sector aporta al país, la riqueza mineral del territorio peruano no está dando los frutos que se esperarían. Un dicho popular dice, "un peruano es un mendigo que se sienta sobre una montaña de oro". Los recursos del suelo abundan, pero aún así estos no beneficial a la mayoría de la población. La enorme expansión de las operaciones mineras tienen un importante impacto sociocultural, económico y ecológico. A finales de 2014, mas de 25.7 millones de hectarias de tierra peruana se cedieron como concesiones mineras - ¡más del 20% del territorio nacional! Asimismo, ya en 1999, aproximadamente el 55% de las 6000 comundades campesinas exitentes se vieron afectadas de alguna manera por las actividades mineras.

La minería ahora se está expandiendo hacía las zonas tradicionalmente habitadas por comunidades campesinas indígenas, convirtiendose en una amenaza para las formas de vida tradicionales basadas en la agricultura y la ganadería. Además, existe una notable expansión del sector minero dentro de zonas con ecosistemas vulnerables, como los páramos de tierras altas, cruciales para el abastecimiento acuifero de campos de cultivo y poblaciones locales, así como de ciudades de cotas inferiores y regiones costeras secas.

De igual manera, los territorios que fueron cedidos suelen tener un gran valor cultural e histórico para sus habitantes. No resulta sorprendente que la expansión minera esté originando conflictos sociales y debates políticos en torno a la relación entre minería, derechos humanos, aspectos medioambientales y desarrollo. No obstante, a pesar del gran desacuerdo social generado, el gobierno apoya totalmente el sector de la minería.

El presidente Ollanta Humala continúa con esta política minera a pesar de las promesas hechas durante su campaña electoral en la que prometía una mayor regulación de las compañias mineras extranjeras operando en el país. De hecho, en junio de 2014 se aprovó un paquete de medidas con el objetivo de debilitar ciertos decretos medioambientales, sociales y legales y poner en marcha una serie de procedimientos para eliminar presiones sobre las empresas. Con Chile como principal competencia, Perú prefiere seguir siendo el mejor amigo del sector de la minería.

El comité peruano de CATAPA centra sus actividades en dos casos emblemáticos de la minería, la franja norte de los Andes, es decir Conga en Cajamarca, y Rio Blanco en Piura. A través de nuestras organizaciones amigas, apoyamos a los grupos sociales locales y a la población, que critican la incesante y mal regulada expansión de las operaciones mineras. Los costes ecológicos y sociales de la extracción de mineral afectan principalmente a las poblaciones locales, que se encuentra con problemas de contaminación de las aguas, expropiación de tierras, conflictos sociales y cargos criminales contra los líderes sociales y otros protestantes. Con el apoyo a nuestras organizaciones y otros colaboradores del sur, intentamos dar voz a la gente.