Existe una ambición ilimitada por las materias primas en un planeta que está físicamente limitado.

El problema de la explotación de materias primas será la prioridad en la agenda internacional durante las próximas décadas, puesto que juega un papel crucial en cuanto al cambio climático y en lo que concierne a la escasez de energía. El oro, la plata, el coltán, el cobre, etc. son metales y minerales que se procesan de varias formas para la fabricación de productos cotidianos y que empresas mineras explotan en ingentes cantidades. El impacto de la minería es inmenso y afecta a nivel ecológico, económico y sociocultural, y frecuentemente deja a su paso enormes daños.

Impacto de la minería

La minería ha tenido un auge enorme desde los años 90. La combinación de los altos precios de las materias primas; las nuevas tecnologías mineras que han posibilitado la explotación de áreas anteriormente inutilizables y/o económicamente inviables; y la reforma institucional del sector y de toda la economía han convertido a América Latina en una de las áreas más atractivas tanto para los inversores nacionales como los internacionales. Por lo tanto, invertir en minería sale muy rentable, especialmente si la demanda mundial sigue aumentando como hasta ahora. A pesar de la actual bajada de los precios de los productos básicos, los gobiernos siguen optando firmemente por un modelo económico centrado en la exportación de materias primas.

Varios países latinoamericanos tienen una política de “extractivismo”: un sistema político, económico, cultural y legal que permite la extracción para la exportación. La explotación de materias primas a gran escala, como minerales y metales preciosos, está respaldada por un Estado que no sólo permite su comercialización y privatización, sino que también lo promueve. En su discurso, se da el mensaje de que el modelo minero es normal, natural e histórico. Las inversiones se protegen a expensas de los derechos de los ciudadanos. Este modelo minero se está expandiendo en varios países latinoamericanos, lo que conlleva enormes impactos sociales y medioambientales.

Europa también refuerza el modelo económico extractivista en América Latina, donde la exportación de materias primas es más importante. Esto se realiza, por ejemplo, a través del “Tratado de libre comercio” con Perú y Colombia, que responde a la necesidad de importar materias primas a Europa y así asegurar las inversiones europeas en la región.

Con el crecimiento de la industria minera, el impacto aumenta tanto a nivel económico y medioambiental, como sociocultural.

Sus impulsores se apoyan en países como Canadá, Australia y Reino Unido para demostrar que la minería puede desempeñar un papel importante en el desarrollo de un país. Sin embargo, los críticos ofrecen ejemplos más recientes como Perú, Bolivia, Zambia y la República Democrática del Congo para demostrar cómo las economías ricas en recursos naturales se ven en realidad más afectadas que los países con menos recursos naturales.

Los defensores de la minería dicen que sus actividades conducen a un mayor crecimiento económico y a una reducción de la pobreza, supuestamente a través de mayores ingresos tributarios para el gobierno, creación de empleo y mejora de la prestación de servicios en las comunidades locales. El aumento de la demanda de bienes y servicios supuestamente hace florecer la economía local.

Sin embargo, estos argumentos no siempre se ven sostenidos tras realizar una investigación más profunda. Sus críticos cuestionan si la minería realmente favorece a las comunidades locales, puesto que costes y beneficios no se comparten por igual.

Los inversores en minería son en su mayoría empresas privadas extranjeras. El modelo extractivo asegura la exportación de las materias primas, lo que conlleva un procesamiento posterior de las materias que no tiene lugar en el país de donde se extraen las mismas. Además, el sector minero actual es en su mayoría un sector de capital intensivo, y no necesariamente una mano de obra intensiva. Por lo tanto, las oportunidades de empleo de la población local son, en el mejor de los casos, limitadas. Al mismo tiempo, los campesinos (que dependen de la agricultura) ven disminuir sus ingresos cuando las empresas mineras ocupan sus tierras o cuando estas acaban muy contaminadas como consecuencia de las actividades mineras.

Una perturbación adicional de las economías locales la causa el efecto denominado “Mal holandés”. Este término se refiere a un fenómeno que ocurrió en los Países Bajos durante los años 60, cuando se descubrieron reservas de gas natural en el país. El descubrimiento de este recurso supuso un aumento en el valor de la moneda local, lo cual afectó negativamente a la posición competitiva del país y, a su vez, causó la disminución de la productividad económica y el aumento del desempleo. El efecto es, en otras palabras, un fenómeno macroeconómico que entra en juego cuando la divisa extranjera fluye repentinamente en el país a causa de la extracción de recursos naturales. Por lo tanto, generalmente, la contribución de la minería a la situación microeconómica de los ciudadanos individuales es, al final, negativa en lugar de positiva.

Además, los impuestos que se pagan a nivel nacional son, casi siempre, sólo una pequeña fracción del total de las ganancias obtenidas por los inversores. Las empresas privadas obtienen grandes beneficios con poco retorno para el propio país y sus habitantes. Es el propio país quien acaba pagando los costos pasivos de la contaminación medioambiental y el malestar social. Cuando una nación se concentra demasiado en la exportación de recursos naturales, también se vuelve fuertemente dependiente de la demanda de estos recursos a escala económica mundial: si la demanda disminuye, las economías latinoamericanas corren el riesgo de enfrentarse enormes problemas.

No sólo la apariencia exterior del paisaje cambia drásticamente con un proyecto minero. Los diferentes tipos de minería pueden causar una amplia gama de diferentes tipos de contaminación y perturbaciones. El impacto de la minería sobre los ecosistemas no se puede subestimar.

El agua juega un papel crucial en este contexto. Durante el proceso de extracción se requieren grandes masas de agua dulce. El suministro de este agua provoca sequía, escasez de este bien natural y, a veces, la salinización de las tierras vecinas. Además, durante este proceso también se mueven grandes cantidades de tierra y rocas. El agua efluente se lleva gran parte de estos materiales y causa sedimentación en los ríos.

Sin embargo, este no es el únic problema: la tecnología empleada para la extracción de minerales utiliza productos químicos extremadamente tóxicos que a menudo terminan en el agua subterránea. Las técnicas actuales de minería de oro y plata emplean cianuro para separar el oro o la plata de los minerales inútiles. El cianuro es muy tóxico, y la dosis mortal para un ser humano oscila entre 3-10 mg/kg. Para la extracción de cobre y níquel se utiliza ácido sulfúrico. En el caso de una mala gestión durante estos procesos, fugas accidentales u otros accidentes, estos productos químicos se liberan al medio ambiente. Normalmente el cianuro se degenera una vez que entra en contacto con el oxígeno, pero, bajo determinadas circunstancias, el río puede arrastrarlo durante una distancia de hasta 60 kilómetros.

Además, los metales pesados ​​que originalmente se almacenaban en los minerales se liberan (los minerales acumulados reaccionan después de entrar en contacto con el agua y el oxígeno) y pueden pasar a las aguas superficiales y subterráneas. Este proceso se llama “drenaje ácido de la mina” y es difícil de parar una vez que ha sido activado. Aún hasta el día de hoy existen suelos en el Reino Unido que contienen mercurio como consecuencia de las actividades mineras de los romanos.

Esta contaminación medioambiental constituye una amenaza para la flora y la fauna; la biodiversidad disminuye drásticamente; la población local se enfrenta a problemas de salud; el suelo contaminado y la falta de agua limpia hacen imposible la agricultura; y debido a la deforestación y a las grandes excavaciones, el medio ambiente se ve gravemente dañado.

Después del cierre de una mina, de forma muy frecuente la empresa no se responsabiliza de la limpieza de los residuos mineros y de la rehabilitación de los lugares de extracción. La minería informal, por la cual empresas pequeñas y buscadores de fortuna locales comienzan a extraer sin consentimiento ni regulaciones, también tiene un impacto en el medio ambiente. No es sorprendente que el control sobre los niveles de contaminación sea mínimo para estas iniciativas. Como resultado, el impacto negativo puede llegar a ser muy importante, a pesar de que estas excavaciones se realizan a una escala mucho menor.

Finalmente, los ecosistemas originales se pierden, y, consecuentemente, todos los servicios posibles que pudieran prestar a la comunidad también: ecoturismo, control de la erosión, gestión del agua de la región (riego y agua potable), producción de alimentos, creación de un microclima, etc.

Como consecuencia de la minería, las estructuras sociales se ven alteradas. Los trabajadores potenciales y sus familias acuden a pueblos más grandes y a ciudades cercanas, mientras que la pérdida de tierras agrícolas causa la despoblación rural. La brecha se amplía entre los que trabajan de la mina y aquellos que ya no obtienen ningún ingreso como consecuencia directa de ésta. Esto provoca cada vez más tensiones en las ciudades en rápida expansión y tiene como consecuencia más desempleo, pobreza, prostitución y violencia.

En muchos casos las protestas de organizaciones locales y sus líderes conducen a conflictos. Estos se convierten en el blanco de las amenazas, ya sea directamente por las compañías mineras o a través de sus matones, paramilitares o empresas de seguridad privadas. El ejército y la policía a menudo se despliegan para garantizar los intereses de las empresas en vez de aquellos de las comunidades locales. Esta recrudecimiento conduce a violaciones de los derechos humanos. Con el fin de romper cualquier resistencia a estos proyectos extractivos, las protestas sociales son comúnmente criminalizadas. Se emplea la estrategia de “divide y vencerás” en forma de sobornos, amenazas, violencia y chantaje.

Estos conflictos socio-ecológicos se centran principalmente en el control de los territorios rurales. Los agricultores pierden sus tierras mientras que las empresas tienen a menudo la posibilidad de comprar la propiedad de esas mismas tierras a precios muy bajos. Estos nuevos conflictos ponen a las empresas transnacionales en contra de la sociedad civil. El Estado, sin embargo, se posiciona principalmente del lado de las empresas privadas bajo el mantra del crecimiento económico. La protección de los derechos humanos y del medioambiente se presenta como una contradicción al crecimiento económico. Por ello, la expansión geográfica de las actividades mineras va, a menudo, de la mano del malestar social.

Con respecto a la protección de los derechos de las poblaciones indígenas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desarrolló la “Convención 169” en 1989. Esta convención es un instrumento internacional que especifica, entre otras cosas, cómo se debe consultar a las poblaciones indígenas en caso de una decisión que afecte a sus territorios. Veintidós países, en su mayoría de América Latina, han ratificado esta convención. Sin embargo, todavía existe una gran zona gris entre dicha ratificación y su aplicación real. Aún queda mucho camino por recorrer.

Técnicas mineras

Las materias primas se pueden transformar de varias formas. La primera es la clásica minería a gran escala, que es por la que suelen optar las multinacionales. Por otra parte, también existe minería a pequeña escala, es decir, formas de minería artesanal. El trabajo de CATAPA se centra principalmente en las técnicas tradicionales de minería a gran escala, puesto que son las que tienen el mayor impacto tanto en las personas como en el medioambiente. Las técnicas mineras clásicas se pueden dividir en dos categorías: “minería a cielo abierto” y “minería subterránea”. El empleo de una u otra depende del tipo de mineral y de dónde se encuentre en la tierra.

Las menas, o minerales que contienen metales, se dividen en dos categorías dependiendo de la cantidad de minerales por tonelada de roca y del valor del mineral. El oro, por ejemplo, se considera una mena de bajo grado cuando la cantidad de oro es menor a dos gramos por tonelada de roca; y de alto grado cuando supera los seis gramos por tonelada de roca. Para el cobre, un 1% de cobre por tonelada de mineral se considera de bajo grado, y el hierro se considera incluso de bajo grado cuando se encuentra en cantidades del 25 o 30% en la tierra.

Generalmente, el subsuelo de una explotación minera contiene más de un metal, por ejemplo oro y cobre, como en la mina Skouries de Grecia o la mina Conga en Perú.

El grado determina qué técnica minera es más rentable: en el caso del oro de bajo grado se utiliza la minería de cantera abierta; mientras que para el oro de alto grado se utilizan técnicas de minería subterránea. La gradación también determina el nivel de energía que se debe utilizar y la cantidad de residuos contaminantes, ya que cuando solo hay una baja concentración de minerales disponibles en la tierra se necesita emplear una mayor cantidad de químicos. También se debe tener en cuenta la profundidad a la que se encuentran los metales. El metal de oro de la superficie se encuentra con mayor facilidad y, además, se extrae de forma más sencilla (utilizando técnicas mineras de superficie); a las capas más profundas tan solo se puede llegar  en fases posteriores (mediante técnicas subterráneas).

Debido al alto nivel de extracción de las últimas décadas, las menas más interesantes (las que tienen la concentración más alta y rentable) ya han sido extraídas; mientras que las capas con concentraciones más bajas son las únicas que quedan. La creciente escasez ha conllevado una subida de precios y sido la causa de que las explotaciones mineras pobres (de baja gradación) se hayan convertido en rentables. Por ejemplo, aún quedan explotaciones mineras (canteras a cielo abierto) donde las capas contienen menos de 0,2 gramos de oro por tonelada de mineral. Esto produce más residuos peligrosos por gramo de oro.

Minería a cielo abierto

 

Explotación a cielo o tajo abierto

La minería a tajo abierto es la tecnología de minería más común cuando se trata de minas nuevas. Con esta técnica se excava el suelo y la separación del mineral y el material del suelo restante ocurre en la superficie.

El primer paso en este proceso es la extracción de la mena. En primer lugar, se retira la vegetación y se excava hasta llegar a la capa de suelo que contiene el mineral. Esto modifica el ecosistema y destruye la capa de suelo fértil que se ha ido formando durante siglos y que contiene microorganismos cruciales para cultivos agrícolas.

La técnica de excavación consiste en una excavación sistemática y por capas. Estas capas se excavan secuencialmente formando una especie de pozo en forma de copa. Para asegurar el transporte del material se mantiene una estructura escalonada en las paredes. La profundidad de estos cráteres varía en función de la cantidad y el precio de mineral que contiene el suelo. Cuanto más profundo se excava, más caro resulta, y llega un momento en el que los costos de excavación no son rentables económicamente y parte del mineral queda sin ser explotado. Los cráteres pueden alcanzar profundidades de más de un kilómetro, como ocurre en la mina Yanacocha en Perú. Con el fin de extraer los minerales restantes sin necesidad de seguir excavando, se suele combinar una mina a cielo abierto con métodos subterráneos.

El material del suelo excavado contiene, además del mineral, material estéril. Este material estéril se deposita y apila en las proximidades de la explotación, y el suelo que contiene el mineral que se va a procesar se transporta a las trituradoras.

Aquí comienza la segunda fase, el proceso de chancado. En esta fase el mineral se aplasta, se divide y se raspa, obteniendo así partículas más pequeñas. Esto requiere una enorme cantidad de energía y, por tanto, es el proceso más costoso de la extracción del mineral. El mineral triturado se deposita en grandes pilas de mineral que pueden alcanzar una altura de más de 100 metros.

Con el fin de separar los átomos del mineral (como los de oro o cobre …) de la fracción residual, se rocía una solución química que produce un drenaje ácido. Este método se conoce como “lixiviación” o “extracción sólido-líquido” y en ocasiones se sirve de cianuro, en el caso del oro (“cianuración del oro”); o de ácido sulfúrico, para el cobre o el níquel. Los átomos de minerales se unen a estas sustancias químicas y forman complejos que se capturan. Posteriormente se extrae el mineral de este complejo. Esta técnica requiere productos químicos y una gran cantidad de agua, un millón de litros de agua subterránea y superficial por kilogramo de oro extraído. Muchos de estos productos químicos terminan en el medio ambiente a través de derrames o accidentes, y aunque es tecnológicamente posible limitar hasta <0,0001% la cantidad de cianuro en aguas residuales, todavía existen proyectos mineros a gran escala con cantidades de 10%. El cianuro se descompone rápidamente en la naturaleza una vez que entra en contacto con el oxígeno pero, bajo ciertas circunstancias, puede cubrir distancias de 60 kilómetros en los ríos. Nadar en un agua con una concentración de un miligramo de cianuro por litro es mortal para algunos mamíferos, mientras que 3 mg por litro es letal para las personas.

 

Uso de cianuro

En la minería aurífera se debe considerar un riesgo adicional y significativo: el empleo de cianuro para separar el oro de la fracción residual que utiliza la tecnología actual. El cianuro es una sustancia altamente tóxica y la dosis letal para los humanos es de 50-200 mg. Por tanto se deben tomar las precauciones y medidas necesarias durante el proceso de separación y el agua utilizada y el material tratado se deben manejar de forma adecuada . Esto no siempre sucede, como muestra lo ocurrido el 30 de enero del año 2000 en Rumanía: a través de una grieta en un dique, 50-100 toneladas de cianuro se descargaron al el río Lapus, en la cuenca del Tisza. Como consecuencia de este accidente murieron en Hungría más de 1200 toneladas de peces. Una vez que el cianuro se encuentra en el medioambiente, el mayor problema lo constituyen los metales pesados que se adhieren a éste. El cianuro se descompone relativamente rápido, pero los metales pesados ​​permanecen en el medioambiente durante mucho tiempo.

Esta técnica se utiliza para los minerales de baja concentración presentes en el suelo, lo que hace que gran superficie del suelo sea parte de los residuos. Cuanto más valioso sea el mineral, más residuos habrá. Lo mismo ocurre generalmente con la extracción de oro, donde más del 99,9% del material extraído son residuos. Por ejemplo, la mina San Martín en Honduras tiene un rendimiento medio de un gramo de oro por ocho toneladas de roca (0,0000001%).

Una vez que se agota el material que se va a extraer, se rellena la mina a cielo abierto con la roca estéril, muy a menudo con material que contiene residuos de cianuro. Luego se suele cubrir todo con arcilla o tierra nueva para prevenir la llamada “percolación”. Sin embargo, esto sólo retrasa la propagación de sustancias tóxicas.

Las empresas mineras dan a conocer a través de videos promocionales que, cuando se termine la vida útil de la mina, se hará una rehabilitación (recuperación) del suelo. Con tecnologías como la “fitorremediación” se cubren los emplazamientos mineros con vegetación para que parezca que se haya llevado a cabo un rápido proceso de recuperación. Sin embargo, para un enfoque real y eficaz, la rehabilitación debe formar parte del “plan de negocios” desde la puesta en marcha de la mina. Por ejemplo, se podría guardar la capa superior de suelo fértil (que se retira al inicio) para ser utilizada en la etapa de rehabilitación; se deberían recoger y cultivar plantas y microorganismos locales para volver a sembrarlos en el sitio posteriormente, etc. Las comunidades locales podrían estar involucradas para restaurar el ecosistema local y mantenerlo de forma sostenible. No obstante, rara vez se aborda la fitorremediación tan a fondo y siempre acaba quedándose en una medida provisional. Con frecuencia, las minas quedan muy contaminadas y sin rehabilitación alguna.

Según algunos estudios, una recuperación puede demorar miles de años. Por tanto, la contaminación permanece en el lugar o, lo que es peor, se extiende en caso de infiltraciones al subsuelo. Los emplazamientos mineros agotados permanecen acordonados mucho después del cierre de la mina para evitar que los animales se nutran de plantas contaminadas.

 

Explotación por destape y canteras

Estas dos técnicas son similares a la minería a cielo abierto, pero se emplean con menor frecuencia. Sólo son relevantes en el caso del carbón y de las rocas ornamentales.

 

Minería subterránea

Hundimiento por subniveles

El hundimiento por subniveles es una técnica que se utiliza cuando el depósito de mineral se encuentra a bastante profundidad y la minería a cielo abierto no es rentable económicamente. Se perforan túneles con la ayuda de explosivos para extraer el mineral desde distintos niveles. La masa de roca y mineral se transporta desde los niveles inferiores. Un ejemplo de esta técnica se puede encontrar en la mina Goldex en Quebec, Canadá.

 

Hundimiento por bloques

El hundimiento por bloques es una técnica minera subterránea que a veces se emplea debajo de las minas a cielo abierto. Es una técnica mediante la cual se perforan varios agujeros en forma de embudo por debajo de un bloque sólido del material que se quiere extraer. Debido a la fuerza de la gravedad el mineral cae, por así decirlo, a los túneles de transporte. A partir de ahí se recoge y se transporta a la superficie. Este proceso puede causar un visible hundimiento en la parte superficial del terreno. Un ejemplo del uso de esta técnica es la mina de cobre Northpark y mina de oro en Nueva Gales del Sur, Australia.

 

Túneles y pilares

Cámaras y pilares es una tecnología de extracción adecuada para los depósitos de mineral horizontales. El mineral se extrae en un espacio horizontal en el que los pilares permanecen intactos, garantizando así la estabilidad de la zona. Existen pilares más grandes que crean espacios independientes entre sí en caso de colapso inesperado. Esta técnica se emplea por ejemplo en la mina de oro Plutonic en Australia.

 

Voladuras – detonación de barrenos largos

Esta técnica se aplica en depósitos empinados, cuando la mena tiene bordes regulares y la roca es bastante consistente. Dos variantes de esta técnica son “por subniveles” y “sistema de cráter” (VCR), y un ejemplo de su uso se encuentra en la mina de oro y plata Fruta del Norte en Ecuador.

 

Cámaras-almacén

Esta técnica se utiliza en depósitos de mineral estrechos y de grandes buzamientos. El mineral se arranca por franjas horizontales de abajo hacia arriba. El mineral triturado se deja en gran medida en el lugar hasta que se haya terminado el trabajo de toda la capa. Luego el mineral se transporta desde abajo. Esta técnica ha sido empleada en la mina Sleeping Giant en Quebec, Canadá.

 

Corte y relleno

Corte y relleno es una técnica minera que puede ser utilizada en muchas situaciones. El mineral se extrae en capas horizontales o ligeramente inclinadas, y el espacio existente se rellena con roca de desecho, arena o residuos de mina. Esta capa de relleno se suele estabilizar con hormigón. Esta técnica ha sido empleada por ejemplo en la mina de oro Crixas en Goiás, en Brasil.

A pesar de que las técnicas extractivas a pequeña escala representan solo una pequeña parte de la extracción metalífera a nivel mundial, hay unos diez millones de personas que viven de la extracción artesanal. Esta forma de extracción queda frecuentemente sin ningun tipo de regulación y es, generalmente, ilegal. Por ejemplo, cuando se trata del oro, la extracción minera artesanal a pequeña escala es responsable de apenas un 10% del total del aprovisionamiento de oro mundial, aunque provee el 90% de los puestos de trabajo en el sector minero de la extracción de este metal.

Este sector se enfrenta a problemas específicos como regulaciones extremadamente malas; condiciones laborales inseguras y sin control por parte del Estado; trabajo infantil y malas condiciones laborales, especifícamente para las mujeres; y tecnología poco sofisticada y, por lo tanto, más contaminante. El oro extraído se vende a un precio demasiado bajo y va a parar en el mercado negro a través de una complicada red de intermediarios comerciales. Existe una gran pobreza entre los pequeños productores mineros debido al precio tan bajo que reciben a cambio del oro extraído. Además, se presentan efectos negativos en su salud por las malas condiciones de trabajo en las minas y la gran exposición a químicos tóxicos como el cianuro y el mercurio.

A pesar de la pequeña escala a la que se realiza la minería artesanal, esta puede tener un gran impacto en el ecosistema local, ya que se utilizan técnicas extractivas de baja tecnología. Con el empleo de estas técnicas se emplean a menudo sustancias extremadamente tóxicas para separar los metales de los minerales extraídos, que son una fuente de contaminación de la flora y la fauna local. En la minería aluvial, las extracciones artesanales pueden destruir radicalmente los sedimentos de los ríos; en la minería subterránea pueden ocurrir situaciones de inseguridad puesto que se producen explosiones y los túneles no son coordinados ni vienen en los planos. Así mismo, algunos barrios se pueden excavar subterráneamente, algo que pasa de forma desapercibida y ocasiona, entre otros, peligros de hundimientos.

 

Técnicas de minería

Los metales que se encuentran en los cauces de los ríos o en balsas de residuos, tambien llamadas relaves (dejados por la megaminería), se denominan metales aluviales. La separación de los mismos se realiza de forma simple empleando pala y bateas, es decir, sin la utilización de químicos. Hay una cantidad de técnicas de extracción para sustraerlos, que se utilizan fundamentalmente en la explotación de oro:

  • Bateas: Los minerales se sacuden en una batea junto con una gran cantidad de agua. El metal decanta al fondo de la batea debido a su alta densidad. La grava, el barro y la arena se cuelan y se eliminan por encima del borde de la batea, lo que deja el metal como resto.
  • “Sluice box” o mesa concentradora: Se trata de una larga serie de escalones o compuertas por las que circula una mezcla de agua con el mineral, proceso por el cual el metal decanta. Esto ocurre porque la densidad de masa del metal es más alta que la de la grava, el barro, la arena, etc.
  • Tambor o molino: Cilindro metálico giratorio que se encuentra en una pendiente suave y cuyo extremo inferior está cerrado con una malla metálica. Por su interior circulan minerales y agua, a menudo a alta presión. Gracias a la combinación del trabajo mecánico del cilindro y el agua se logra separar el metal de los minerales.

Ejemplo: Proyecto Oro Verde, Colombia

Todas estas técnicas combinadas apenas forman una pequeña parte del total de la extracción minera a nivel mundial.

 

Minería de roca dura

La separación de minerales de roca dura ocurre en general en minas subterráneas, para lo cual es necesario emplear maquinaria más costosa (entre otros, debido al aprovisionamiento de oxígeno subterráneo). Una vez se extraen los minerales, estos transcurren en la superficie y tienen lugar los siguientes pasos:

  • Los minerales se muelen, mecánica o manualmente,  hasta conseguir un polvo fino. Cuanto más fino sea el polvo, más metal se podrá extraer.
  • Con la ayuda de “sluice boxes” u otras técnicas basadas en la gravedad se concentra un mineral rico en metales.
  • Este concentrado se mezcla con cianuro, formando así una aleación de cianuro y metales: una amalgama.
  • La amalgama se cuela para conseguir que el cianuro se evapore y resulte en un resto de metales.
  • A su vez este restante se derrite para eliminar el sobrante de cianuro y obtener así un metal semi-puro.

La utilización de cianuro se presenta en la minería artesanal como una alternativa a la utilización de mercurio. Entonces se agrega una solución de cianuro al polvo de metal molido. El metal se disuelve en un fluido rico en metales del cual se extrae como un metal semi-puro, con ayuda de zinc o de carbón activo. Esta técnica, sin embargo, no es muy usual en la minería artesanal a pequeña escala, puesto que se trata de un proceso lento que requiere entrenamiento previo y es bastante costoso.

Estrategias de resolución

CATAPA lucha por incluir los costes ambientales a largo plazo en el análisis de costes y beneficios de los proyectos mineros. Es necesario realizar la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los costes de la minería para un país? Para responder a ella hay que llevar a cabo estudios de caso.

En el Norte existe una solución estratégica general: en primer lugar se debe disminuir el uso de los metales. Las minas extractivas que apenas contienen metales (por ejemplo las minas de oro con menos del 0,001% de oro) son sólo un ejemplo de este tipo de proyectos de visión a corto plazo que, además, posponen un cambio de comportamiento que es mucho más necesario.

Junto con esta desinversión, también es necesario tratar los metales ya extraídos de una forma mucho más eficiente. Se debe realizar un cambio de inversión, pasando de invertir en minería a invertir en mantener los minerales ya extraídos en circulación, usando técnicas de reciclaje y ecodiseño, etc.

Hasta que no se produzca este cambio a una economía circular en la que los residuos se transformen en recursos en lugar de extraer nuevos recursos, solo la minería responsable debería satisfacer la creciente demanda de recursos. Es crucial que los proyectos propuestos se examinen en cada caso concreto para saber si se debería llevar a cabo la extracción; y que la población local tenga siempre la última palabra sobre si se permite o no que los proyectos mineros sean ejecutados en su región. Por tanto, deberían regularse “Zonas libres de minería”.

Globalización

En los últimos cien años la población mundial se ha cuadruplicado. Demográficamente se cálcula que habrá más de 9 mil millones de personas en el planeta Tierra para 2050. La mayor parte de estas 2,3 mil millones de personas “extra” habitan en países en vías de desarrollo y en crecimiento. Tanto hoy como en el futuro estas personas requieren materiales y energía para su vida cotidiana. La expansión de la economía mundial desde los años 90, principalmente con el impulso de China e India y otros países en crecimiento, generó una demanda creciente de recursos naturales como son el petróleo, metales y minerales. En los próximos años esta demanda continuará incrementándose. Las superpotencias geopolíticas también están haciendo sus cálculos: quieren asegurarse lo mas rápido posible el acceso a los recursos naturales restantes, para satisfacer sus necesidades tanto energéticas como de materiales.

La última década, la creciente escasez y la subida de precios de las materias primas como los minerales, los metales, el petróleo y el gas, trajo consigo agitación geopolítica y un nuevo crecimiento en el sector de las industrias extractivas. Entre 1999 y 2008 el precio de las materias primas de los metales subió de forma exponencial. La minería ha tenido un fuerte crecimiento desde los años 90, y ha sufrido una rápida expansión geográfica y económica. Esto ha sido facilitado por reformas políticas, la subida de los precios de las materias primas e innovaciones tecnológicas. En el transcurso de los últimos años se cumplieron casi todas las condiciones para una (re)colonización territorial y económica muy rápida del Sur. Se habla a menudo de una “segunda colonización” o una “segunda fiebre del oro”. En su papel de colonizador, las naciones occidentales han sido reemplazadas actualmente por entidades económicas, sobre todo compañías transnacionales. Estas compañías y otras organizaciones internacionales dominan el sector. Ellos determinan el espacio para maniobrar en los países ricos en minerales, dado que estos dependen fuertemente del mercado mundial y de las inversiones extranjeras directas (FDI). Los precios crecientes de las materias primas, las altísimas ganancias y la lucha de concesiones relacionada con esto provocan un clima de competencia en el que, por desgracia, literalmente se pasan por alto los cadáveres.

Estas transformaciones se dejaban ver también en América Latina. A pesar de que las ideologías políticas de los gobiernos son a veces muy diferentes, como por ejemplo Bolivia, Ecuador o Venezuela frente a Perú o Colombia, se pueden observar tendencias similares. En este momento predomina la visión a corto plazo, tanto para los líderes progresistas como para los conservadores. La industria extractiva recibía en América Latina un papel clave en el crecimiento económico puesto que la exploración y explotación de minerales se traduce en una inyección de capital y tecnología moderna. Desde la crisis en Europa hay más gobiernos como Grecia y Rumanía que necesitan dinero y que tratan de generar rápidamente nuevos ingresos mediante el impulso de actividades mineras.

Europa confirma el modelo económico cuyo eje central es la exportación de materias primas. Los acuerdos de libre comercio que se ratificaron con Perú y Colombia, por ejemplo, deben asegurar las inversiones en la región y la importación de materias primas a Europa. Los Andes son un suministrador demasiado importante de materias primas para la industria europea, que quiere asegurar, en tiempos de escasez de recursos naturales, su aprovisionamiento de estos recursos. Por otro lado, se dice que las inversiones extranjeras pueden hacer correr de nuevo el motor económico rezongando de la Unión Europea. Nuestro gobierno federal también está de acuerdo con esta gestión de libre comercio.

Hoy en día se puede constatar una fuerte bajada de los precios de las materias primas, que parece mostrar que el período de crecimiento anual está finalizando. Los caprichos de los mercados son difíciles de predecir, pero la región de los Andes, un exportador de recursos naturales tradicional, se enfrenta a un dilema: seguir dependiendo de la exportación de materias primas brutas y de las subidas y bajadas de la economía mundial; o aprovechar esta oportunidad para implementar una economía más diversificada y sostenible. Los países que dependen de los ingresos de la minería y de la explotación de gas natural se arriesgan a tener problemas por la bajada de los precios del petróleo y de los metales (el oro es una excepción). En un año, el precio del cobre bajó aproximadamente un 24 %, lo que supuso un golpe duro para un país como Perú, que se encuentra entre los tres mayores productores de cobre del mundo.

Parece el momento adecuado para poner en práctica una transición, pero por ahora la respuesta de muchos gobiernos en América Latina es diferente. Se decide de explotar MÁS para interceptar los ingresos decepcionantes y se hacen más flexible las leyes sociales y medioambientales para mantener a los inversores extranjeros. Sin embargo, la respuesta en Grecia es distinta: después de siete años de economías duras obligadas por la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), Grecia está al borde del precipicio. Después de estímulos repetidos para la explotación de minas en el país, el nuevo gobierno ha reaccionado y se ha posicionado en contra de las actividades mineras.

Para más información visita el Centro Nacional de Información sobre Minerales del USGS, donde, entre otras cosas, se ofrecen mapas interactivos que muestran  información sobre los minerales que se pueden encontrar en cada países del mundo.